Con referencia al documento El curriculum oculto
(Paulino Murillo Estepa), en el se define al currículum oculto como aquel que
se transmite de manera indirecta, que no está reflejado en las leyes pero que
tiene una gran importancia y repercusión tanto en los alumnos como en las
escuelas. Se trataría de una serie de conocimientos y competencias que se
transmiten de manera implícita en los centros educativos y que llegan a ser tan
importantes e influyentes como los conocimientos que se trasmiten explícitamente.
Los aprendizajes que se adquieren mediante este
currículum se aprenden mediante las relaciones sociales que los niños mantienen
en las aulas y en los centros con los demás compañeros y compañeras además de
con los docentes. Además son aprendizajes mucho más prácticos, ya que se
aprende mucho más por lo que se hace que por lo que se dice.
Podemos ver en este documento una definición
perteneciente a un marco conceptual más
crítico de la mano de Torres Santomé, que define este currículum como los
conocimientos, destrezas y valores que se adquieren mediante todas las
interacciones que se dan en las aulas pero que no están reflejados como metas
educativas a lograr de forma intencional. Es decir, conocimientos que no se
pretenden alcanzar de manera “oficial” pero se adquieren en las relaciones
cotidianas.
Algo que llama bastante la atención de este
documento y que considero que es de gran interés, es la referencia que se hace
al curriculum oculto como medio de transmisión ideológica. Si pensamos en las
relaciones que se producen en los centros día a día, podemos ver que sí que es
cierto que esta transmisión sea posible, simplemente por el hecho de cómo los
profesores se dirigen a sus alumnos o por como les incitan a comportarse (ser
puntuales, competitivos entre ellos, ver los errores como algo malo, etc.).
Quizá pueda parecer un tanto rebuscado al principio, pero es cierto que son
estos aprendizajes y conductas que parecen insignificantes los que más influyen
en los niños, ya que los interiorizan rápidamente.
Aparecen en el documento tres aspectos que
Jackson (1998) considera básicos del currículum oculto y que llevan al
aprendizaje de la sumisión. Estos aspectos son: la monotonía, si lo pensamos
bien los niños pasan una gran parte de su infancia en los centros educativos
donde prácticamente siempre hacen lo mismo: estar sentados y escuchar a un
profesor durante 6 horas de lunes a viernes, donde solo pueden comunicarse y
jugar libremente con sus compañeros en media hora que dura el recreo. Pensemos,
¿es esto realmente beneficioso para los niños, para su aprendizaje? No puede
ser nada bueno una metodología donde los niños apenas jueguen e interactúen
entre ellos más libremente. Pienso que las escuelas de hoy en día están
demasiado marcadas por la escuela tradicional y se han quedado estancadas en lo
que a metodología de aprendizaje se refiere, algo que choca con la sociedad
moderna y cambiante en la que vivimos.
Otro de los aspectos básicos de currículum que
aparecen en el texto es la evaluación, una evaluación también marcada por la
escuela de épocas anteriores donde solo se miden, de forma puramente
cuantitativa, los conocimientos que el alumno a memorizado de cara a un examen.
Una evaluación donde el niño juega un papel pasivo y, lo más grave, una
evaluación que tiene como prioridad sancionar constantemente, como si el no
adquirir determinados conocimientos fuera algo malo y la única solución fuera
castigar ¿es realmente esta la mejor forma de aprender, extendiendo entre los
niños el miedo a equivocarse?.
El tercer aspecto básico sobre el que nos habla
el texto es la jerarquización que hay en las escuelas, los profesores tienen
siempre la última palabra y, a veces, la única. La opinión de los alumnos nunca
es escuchada porque se piensa que, al ser más pequeños, más inmaduros, no
entienden y no llevan razón, cuando realmente se puede y debe aprender mucho de
ellos. Pero no, en las escuelas la voz de mando la lleva el profesor o
profesora, podríamos decir que impera la dictadura del docente, los niños
escuchan y callan.
La solución a todo esto sería convertir las
escuelas en instituciones democráticas donde todos sus partícipes tuvieran voz
y voto. Sin embargo esto choca con la mentalidad capitalista que
desgraciadamente impera en la actualidad, donde a la escuela se le atribuye la
misión de formar personas para trabajar en el mercado laboral. Personas que
obedezcan y no protesten, sumisas a unos superiores.
Debemos cambiar esta concepción de la escuela a
una que la conciba como un lugar de debate donde se desarrollen personas con
capacidad crítica y con pensamiento propio, adquiriendo unos valores comunes de
justicia, solidaridad, cooperación e igualdad.
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