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En la actualidad, vivimos en una sociedad dinámica y cambiante, la escuela,
al ser una proyección de la sociedad y atender a las demandas de ésta, también
lo es. Por lo tanto, todos los cambios que afectan a la sociedad acaban
afectando a la escuela al igual que todas las transformaciones culturales,
políticas, económicas, etc. Sin embargo, la escuela no ha cambiado al mismo
ritmo que lo ha hecho la sociedad, sino que se ha estancado en la escuela
tradicional de manera que, creemos a veces que está mejorando y transformándose
pero lo único que llevan a cabo son pequeñas reformas que no afectan a los
contenidos o a la metodología por lo que la escuela, en esencia, sigue siendo
la misma.
Esta escuela tradicional la podemos observar en muchos ámbitos, entre ellos
en los propios docentes. Muchos de los docentes que ejercen hoy día se han
acomodado a “la vieja escuela” usando métodos tradicionales, y no únicamente
docentes con más años de experiencia, sino también profesores y profesoras
jóvenes que se han acostumbrado a llegar a clase, solar contenidos en una clase
magistral e irse, siendo esto característico de las escuelas de épocas pasadas
aunque, desafortunadamente, también de las escuelas de hoy. Esta actitud pasiva
puede deberse a muchos factores, entre ellos que el docente se haya formado
hace muchos años y no haya tenido la intención de reinventarse e innovar, puede
deberse a la falta de interés y motivación, aunque también puede deberse a que
hay muchos y muchas docentes que no desempeñan esta carrera por verdadera
vocación, sino por otros factores (necesidad de trabajar, falta de nota para
otras carreras…). Esto último en mi opinión es bastante alarmante ya que, desde
mi propia experiencia, he tenido profesores que se encontraban en esta
situación y el resultado fue conseguir alumnos totalmente desmotivados.
Por otro lado, una escuela más moderna debería responder mejor a la
diversidad, algo que creo que la escuela actual o, al menos, muchas de ellas,
no han superado aún. En las escuelas actuales suele tratarse a todos los
alumnos por igual, dando por sentado que ellos deben adaptarse como puedan al
ritmo de la clase y a las actividades que se realicen. Por desgracias muchos
aún no entienden que es la escuela la que debe adaptarse y facilitar el proceso
educativo a cada alumno, respetando sus capacidades e intereses bajo el
concepto de equidad. Otra de las características de la escuela tradicional que
está vigente en la actualidad es la escasa participación del alumnado en clase,
los alumnos permanecen totalmente pasivos, recibiendo sin para contenidos por
parte de los docentes, sentados, sin hablar, sin comunicarse, sin
interaccionar. Si la escuela se transformase e innovara, los alumnos tendrían
un papel activo en clase, debatirían entre ellos con el profesor como guía y
sería mucho más profundo y enriquecido el aprendizaje.
Muchas veces intentan vendernos que la escuela está cambiando y
transformándose poniendo como ejemplo la introducción de las nuevas tecnologías
en ella. Es cierto que muchos de los centros en nuestro país ahora son centros
TIC, sin embargo esto no soluciona nada si la metodología sigue siendo la misma
y, sobre todo, si no se hace uso de esas tecnologías. Muchos casos he visto
donde los ordenadores y las pizarras digitales de clase están simplemente
adornando, bien porque los docentes no tienen interés o porque no saben usarlo
o no saben adaptar las clases a las nuevas tecnologías.
Por todos estos motivos no se debe dejar el tema de la innovación a manos
del Estado, sino que tienen que ser los propios partícipes de los centros los
que innoven día a día, transformando nuestra escuela y mejorándola, adaptándola
a la sociedad moderna en la que vivimos, haciéndola más flexible y creativa y,
lo más importante, mejorando la calidad de la educación que reciben los alumnos
y alumnas.
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