viernes, 9 de mayo de 2014

1.3 ¿Hay diferencia entre las instituciones escolares y las empresas?



A día de hoy, este resultar ser un tema bastante discutido en el ámbito educativo, pues debido a los cambios que experimenta nuestra sociedad debido a diversos factores como el capitalismo, muchas corrientes pedagógicas alarman de que cada vez hay menos diferencias entre una empresa y un centro educativo. Esto puede verse a simple vista si nos fijamos en como es la estructura de una escuela y de una empresa, tanto física como organizativamente hablando.

Para empezar, ambos se caracterizan por ser espacios cerrados, muy cerrados, austeros en su mayoría y muy cuadriculados. Tanto en las escuelas como en las empresas hay habitaciones más pequeñas en el interior totalmente cerradas, todo se divide por secciones y cubículos y el recinto está totalmente cercado. Además, los niños pasan un grandísima cantidad de hora encerrados en esos espacios, donde solo tienen un pequeño descanso de media hora o tres cuartos para descansar, para luego volver a sus “puestos”.

Voy a profundizar a continuación sobre este tema con un artículo muy interesante de Cecilia Salazar-Alonso titulado “Escuela o empresa: ¿Galton en las aulas?” que habla sobre este tema, aunque no son pocos los artículos que hay que lo tratan.

Empezamos viendo que, últimamente, las escuelas se están apoderando de diversos términos que antes solo se escuchaban en las empresas. Términos como “competencia”, “rentabilidad”, “excelencia”… que nos llevan a pensar que la escuela es un espacio de competitividad donde lo único que importa es obtener resultados rápidos y eficaces, dejando a un lado a la persona. De manera que los alumnos pasan a ser productos y los padres clientes de una empresa: la escuela, cuya única misión es formar trabajadores para el mercado laboral que satisfagan las necesidades de la oferta y la demanda. Esto se consigue mediante la privatización de espacios de enseñanza o desviando fondos públicos a instituciones privadas.

Un ejemplo de este pensamiento capitalista enfermizo lo podemos ver en la evaluación en los centros educativos: los centros que obtienen bajos resultados, en vez de obtener más recursos para poder mejorar sus condiciones y aumentar la calidad de aprendizaje de sus alumnos, son castigados con la disminución de recursos, convirtiéndose así en centros donde están los alumnos mas “rebeldes”, lo que provoca la discriminación entre unos centros y otros y, aun peor, la discriminación de personas como esos niños, a los que se les condena su futuro. Otro de los objetivos de esta concepción escuela-empresa es quitar a los profesores autonomía para decidir los contenidos que dan en clase, de manera que deban ceñirse a unos contenidos fijos y perdiendo así la posibilidad de hacer clases más espontáneas donde los alumnos debatan y desarrollen así su pensamiento crítico.

Siguiendo con este pensamiento empresarial, uno de los hechos, en mi opinión, más alarmantes, es la separación y la segregación en las aulas y en las escuelas. El hecho de considerar a los alumnos con necesidades especiales un “estorbo” para los demás y separarlos en distintas aulas o dándoles un trato diferente, fomentando así entre los propios niños y niñas la discriminación y la marginación. Como si las diferencias entre nosotros fueran algo malo en lugar de enriquecedor, este tipo de pensamiento solo esta interesado en que todas las personas sean y piensen igual, siendo sumisos ante sus “superiores”.

Con todos estos casos, podemos ver como se intenta poco a poco en promover un sistema educativo con un carácter empresarial e incluso dictatorial, que segregue y depure al alumnado y lo moldee a su imagen e intereses, creando así una sociedad sumisa, obediente, incapaz de defenderse y de valerse por sí misma y sin pensamiento crítico.

En definitiva, si alguna vez hubo diferencias entre las escuelas y las empresas, hoy día se están intentando asemejar aún más, algo nada bueno para la educación de nuestros hijos ni para una sociedad futura. Ante esto, es fundamental que las personas se unan para combatir este virus del capitalismo, que padres, alumnos, profesores y ciudadanos colaboren para una causa común, porque mientras haya espíritu y esperanza, se puede ganar.

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